Hace unos días, durante una sesión de coaching con un profesional sanitario, surgió una conversación que me hizo reflexionar sobre el liderazgo en nuestras organizaciones.
Mientras hablábamos de los cambios que estaba viviendo su unidad, le pregunté cómo describiría al nuevo responsable que acababa de incorporarse. Esperaba escuchar palabras como "autoritario", "controlador" o "directivo". Sin embargo, su respuesta fue mucho más gráfica:
"Es como un tiburón."
Aquella frase despertó mi curiosidad.
Le pedí que me explicara qué quería decir con esa comparación. Su respuesta fue inmediata:
"No permite ideas. Marca su territorio. Parece que está dando vueltas esperando encontrar el error de alguien. Todo el mundo está pendiente de dónde está o de cuándo va a aparecer."
No estaba describiendo la capacidad técnica de aquel responsable, ni cuestionando sus conocimientos. Estaba describiendo cómo se sentían los profesionales que trabajaban con él.
Y eso me llevó a una pregunta que merece la pena plantearse:
¿Qué ocurre cuando un líder es percibido como un tiburón por su propio equipo?
El tiburón como metáfora
Los tiburones son animales que transmiten poder. Su sola presencia modifica el comportamiento del resto del ecosistema. No necesitan hacer ruido para que los demás permanezcan atentos.
Algo parecido puede ocurrir con algunos líderes.
Su presencia condiciona la forma en que el equipo actúa, habla o participa. Las reuniones se vuelven más silenciosas. Las propuestas disminuyen. Las personas piensan dos veces antes de expresar una opinión diferente.
No porque necesariamente exista una prohibición explícita, sino porque la percepción del equipo es que discrepar puede tener consecuencias.
En ese momento comprendí que aquel profesional no estaba hablando de un animal. Estaba utilizando una metáfora para describir un estilo de liderazgo.
Cuando el liderazgo se centra en el control
El liderazgo autocrático se caracteriza por concentrar la toma de decisiones en una única persona. El responsable establece las prioridades, decide el camino y espera que el equipo ejecute las instrucciones.
Este estilo puede aportar orden, claridad y rapidez. En organizaciones complejas como las sanitarias, disponer de un liderazgo capaz de organizar el trabajo y asumir la responsabilidad de las decisiones puede resultar muy valioso.
El problema aparece cuando el control deja de ser una herramienta para convertirse en la única forma de dirigir.
Cuando todas las decisiones pasan por una sola persona, las ideas dejan de circular con la misma libertad. Los profesionales pueden empezar a pensar que su experiencia apenas influye en el funcionamiento del servicio.
Y eso tiene consecuencias.
Lo que ocurre en los equipos
Los profesionales sanitarios son personas altamente cualificadas. Médicos, enfermeras, fisioterapeutas, técnicos, farmacéuticos, psicólogos y muchos otros profesionales aportan conocimientos específicos que enriquecen la atención a las personas.
Cuando un equipo percibe que sus opiniones no serán escuchadas, suele ocurrir algo silencioso pero preocupante.
- Se deja de proponer.
- Se deja de preguntar.
- Se deja de participar.
No porque falten ideas, sino porque desaparece la expectativa de que esas ideas sean tenidas en cuenta.
Con el tiempo, el equipo aprende que es más seguro limitarse a cumplir instrucciones que asumir la iniciativa.
Paradójicamente, la organización mantiene el orden, pero pierde una de sus mayores fortalezas: la inteligencia colectiva de sus profesionales.
¿Un tiburón o un líder autocrático?
La conversación que dio origen a este artículo también me hizo pensar en otro aspecto importante.
No todo líder autocrático es un mal líder.
Existen momentos en los que un liderazgo más directivo resulta necesario. Las organizaciones necesitan personas capaces de asumir responsabilidades, establecer prioridades y tomar decisiones cuando la situación lo requiere.
Sin embargo, otra cosa muy distinta es generar un entorno donde las personas trabajan con la sensación permanente de estar siendo vigiladas, evaluadas o esperando el siguiente reproche.
La diferencia no está únicamente en cómo actúa el líder, sino en cómo se sienten quienes trabajan con él.
- Porque un líder puede ejercer la autoridad sin apagar la voz de su equipo.
- Puede marcar el rumbo sin apropiarse de todas las decisiones.
- Puede exigir responsabilidad sin generar miedo.
La metáfora que invita a reflexionar
Quizá lo más interesante de aquella conversación no fue la descripción del responsable, sino la facilidad con la que una sola palabra consiguió resumir una experiencia compartida por todo un equipo.
"Es un tiburón."
Las metáforas tienen esa capacidad. Expresan emociones que a veces resultan difíciles de explicar con términos técnicos.
Tal vez la verdadera pregunta no sea si conocemos algún líder que se parezca a un tiburón.
La pregunta es otra.
¿Qué metáfora utilizarían nuestros propios profesionales para describir nuestro liderazgo?
Porque, al final, el liderazgo no se define únicamente por cómo creemos dirigir, sino por la huella que dejamos en quienes trabajan a nuestro lado.
Y esa huella, especialmente en las organizaciones sanitarias, influye en la confianza, en la colaboración, en el compromiso y en la capacidad de construir equipos donde las personas no solo trabajen juntas, sino que también quieran crecer juntas.
"Los equipos no recuerdan solo las decisiones de sus líderes; recuerdan, sobre todo, cómo se sentían cuando esos líderes entraban por la puerta."
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