En el acto asistencial, los gestos, la postura corporal, la distancia física y la mirada transmiten tanta o más información que las propias palabras. Un cruce de brazos, un suspiro de cansancio o no despegar los ojos del monitor mientras el paciente nos relata sus molestias pueden comunicar desinterés o prisa, anulando cualquier mensaje de cercanía que intentemos transmitir verbalmente.
En esta séptima entrega de la serie, analizamos el papel determinante del lenguaje no verbal en la humanización del cuidado. Adoptar una postura abierta, mantener un contacto visual adecuado y cuidar nuestro tono de voz son herramientas indispensables para transmitir serenidad, generar seguridad y construir un vínculo de confianza firme.
Alinear nuestro lenguaje corporal con las palabras de apoyo fortalece la relación asistencial y ayuda a calmar la ansiedad de la persona atendida
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