DE LA HUMANIZACIÓN AL PROFESIONALCENTRISMO EN SANIDAD

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    La sanidad ha cambiado mucho a lo largo de las últimas décadas. También ha cambiado la forma de entender la relación entre quienes necesitan atención y quienes la prestan.

    La infografía que acompaña este artículo intenta mostrar precisamente ese recorrido: cómo hemos pasado de una sanidad tradicionalmente paternalista a una atención que reivindica la humanización y cómo, al mismo tiempo, el creciente peso de la especialización, la tecnología y la organización sanitaria puede llevarnos hacia un modelo más profesionalcentrado.

    Del paciente pasivo a una persona con voz

    Durante buena parte del siglo XX, la relación entre médico y paciente era claramente desigual. El profesional tenía el conocimiento y tomaba las decisiones, mientras que el paciente ocupaba un papel principalmente pasivo.

    Con el paso del tiempo, esta visión empezó a cambiar. Los derechos de los pacientes, el consentimiento informado, la comunicación y la participación fueron adquiriendo cada vez mayor importancia.

    La humanización de la asistencia puso el foco en algo que puede parecer evidente, pero que no siempre había estado en el centro: el paciente no es solamente una enfermedad o un diagnóstico. Es una persona con miedos, necesidades, preferencias, valores y una historia particular.

    La medicina se hace más compleja

    Al mismo tiempo que avanzaba la humanización, la sanidad experimentaba otra transformación.

    La ciencia médica creció, aparecieron nuevas tecnologías, aumentó la especialización y los profesionales tuvieron que enfrentarse a situaciones cada vez más complejas. Todo ello ha permitido mejorar enormemente la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de muchas enfermedades.

    Pero este progreso también puede tener una cara menos visible.

    Cuanto más complejo es el sistema sanitario, mayor puede ser el peso de los conocimientos técnicos, los protocolos, los indicadores, la tecnología y las decisiones profesionales. El profesional puede volver a ocupar una posición central, no necesariamente porque quiera excluir al paciente, sino porque el propio funcionamiento del sistema puede favorecerlo.

    Es aquí donde aparece el concepto de profesionalcentrismo.

    ¿Qué entendemos por profesionalcentrismo?

    El profesionalcentrismo no significa que el profesional sanitario sea el problema. Al contrario, contar con profesionales preparados, responsables y competentes es imprescindible para ofrecer una buena atención.

    El problema aparece cuando la mirada del profesional y las necesidades del sistema terminan teniendo más peso que la experiencia, las preferencias y la participación de la persona atendida.

    Puede ocurrir, por ejemplo, cuando una decisión se toma pensando principalmente en lo que resulta más adecuado desde el punto de vista técnico, sin dedicar suficiente espacio a conocer qué quiere o qué preocupa al paciente.

    La diferencia puede parecer pequeña, pero es importante.

    Una sanidad profesionalizada necesita conocimiento y competencia. Una sanidad profesionalcentrada corre el riesgo de olvidar que ese conocimiento debe ponerse al servicio de una persona concreta.

    No se trata de elegir entre paciente y profesional

    Plantear esta evolución como una lucha entre dos modelos sería simplificar demasiado.

    Necesitamos profesionales con conocimientos científicos, experiencia, responsabilidad y capacidad para tomar decisiones clínicas. Pero también necesitamos que esas decisiones tengan en cuenta a la persona que las recibe.

    El profesional conoce la enfermedad y las posibilidades de tratamiento. El paciente conoce su propia vida, sus circunstancias, sus prioridades y lo que significa para él vivir con esa enfermedad.

    Ambos conocimientos son importantes.

    Por eso, el verdadero reto de la sanidad actual no consiste en desplazar al profesional para volver a colocar al paciente en el centro de forma exclusiva. Consiste en buscar un equilibrio en el que el conocimiento profesional y la experiencia de la persona puedan encontrarse.

    Volver a poner a la persona en el centro

    Humanizar la sanidad no significa renunciar a la tecnología, a la eficiencia ni a la ciencia. Significa utilizarlas sin olvidar para qué existen.

    Una consulta puede ser técnicamente excelente y, al mismo tiempo, dejar al paciente con la sensación de no haber sido escuchado. Del mismo modo, una atención cercana y empática necesita apoyarse en profesionales competentes y en decisiones basadas en conocimiento.

    El futuro debería combinar ambas perspectivas.

    La sanidad necesita profesionales que sepan mucho, pero también sistemas capaces de escuchar. Porque detrás de cada diagnóstico hay una persona, y detrás de cada decisión sanitaria debería estar presente esa persona.

    La cuestión, por tanto, no es elegir entre humanización y profesionalización.

    El verdadero desafío es evitar el profesionalcentrismo y conseguir que el conocimiento del profesional y la voz del paciente formen parte de una misma atención sanitaria.

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