
Empezar el año sin tenerlo todo claro es más frecuente de lo que parece, especialmente entre profesionales de la salud que llegan a enero cansados y con la sensación de ir “a remolque” más que con una hoja de ruta definida. Esa falta de claridad no es un fallo personal, sino una señal de que hace falta parar, revisar y elegir con más conciencia hacia dónde dirigir la energía en el nuevo ciclo.
Inicio de año y presión invisible
Al empezar el año, el entorno lanza un mensaje muy potente: hay que tenerlo todo definido, desde las metas hasta la motivación diaria.
En profesionales sanitarios esta presión se suma al desgaste emocional, las guardias, la sobrecarga asistencial y la sensación de estar siempre respondiendo a urgencias ajenas antes que a necesidades propias.
Lo que suele ocurrir es que se confunde claridad con tener una lista perfecta de propósitos, cuando en realidad la claridad tiene más que ver con sentido que con productividad.
Cuando ese “mapa perfecto” no aparece, la mente traduce la incertidumbre en culpa: “debería saber ya qué quiero”, “otro año más igual”.
De la culpa a la curiosidad
En coaching se entiende la culpa como una señal de que hay un desajuste entre lo que se hace y lo que se valora, no como prueba de que “algo va mal” en la persona.
Para un profesional de la salud, acostumbrado a resolver y controlar, no tener el plan claro puede vivirse como debilidad, cuando en realidad es una oportunidad para revisar prioridades y revisar el propio proyecto vital.
Cambiar la culpa por curiosidad implica pasar de preguntas del tipo “¿por qué no soy capaz?” a “¿qué necesito ahora?” o “¿cómo quiero vivir este año de forma más sostenible?”.
Este cambio de enfoque abre espacio a la autocompasión, algo clave para reducir el estrés y el desgaste en entornos sanitarios.
Claridad como dirección, no como agenda
Más que tener un listado de objetivos, se trata de elegir una dirección coherente con los valores y el momento vital.
El coaching aplicado al ámbito sanitario recuerda que cada profesional tiene recursos internos para crecer, siempre que conecte con lo que le importa de verdad y no sólo con lo que “se espera” que haga.
Algunas preguntas útiles para encontrar esa dirección son:
- ¿Qué quiero preservar este año (en salud, relaciones, descanso)?
- ¿Qué ya no estoy dispuesto/a a seguir pagando con mi energía o bienestar?
- ¿Cómo me quiero sentir al final de la mayoría de mis jornadas laborales?
Responderlas no crea un plan rígido, pero sí un norte al que volver cuando el día a día se complica.
Pequeño ejercicio de autocoaching para este año
Este ejercicio está pensado para hacerlo en 20–30 minutos, con papel y boli, y puede repetirse cada trimestre.
- Detenerse y registrar el punto de partida
- Escribe tres palabras que definan cómo llegas a este inicio de año (por ejemplo: “agotado”, “esperanzada”, “en piloto automático”).
- Anota qué ha exigido más energía de ti en los últimos meses: turnos, conflictos, burocracia, preocupaciones personales.
- Elegir una sola dirección prioritaria
- Elige un área que quieras cuidar especialmente este año: salud física, descanso, relaciones, desarrollo profesional, ocio.
- Escribe una frase que empiece por “Este año quiero moverme en dirección a…” y completa con algo concreto y significativo para ti (no para tu entorno).
- Traducir la dirección en microacciones sostenibles
- Piensa en 2–3 acciones pequeñas, realistas y medibles, que puedas integrar en semanas complicadas: por ejemplo, caminar 20 minutos tres días a la semana, reservar una tarde al mes para algo que disfrutes, o bloquear un espacio fijo para formación o lectura.
- Comprueba que esas acciones son compatibles con tu realidad de turnos, no con un ideal de agenda perfecta.
- Diseñar tu recordatorio amable
- Escribe una frase breve que te recuerde tu dirección cuando aparezca la culpa, algo como: “No necesito tenerlo todo claro; necesito volver a lo importante, paso a paso”.
- Colócala en un lugar visible: taquilla, agenda, salvapantallas, o al inicio de tu cuaderno de notas clínicas. Esta señal visual ayuda a mantener el foco incluso en días de mucho estrés.
Puede que este año no tengas un plan brillante, ni un mapa perfecto, ni una agenda llena de propósitos.
Y está bien.
Si trabajas en sanidad, ya sabes lo que es sostener la incertidumbre de otros cada día; no necesitas añadir más presión a tu propia vida. Tal vez, en lugar de exigirte tenerlo todo claro, el primer gesto de cuidado sea concederte permiso para no saber… todavía.
Comentarios
Publicar un comentario