Cuando el mejor clínico se convierte en el peor jefe: el Principio de Peter en sanidad

Este análisis forma parte de una serie sobre el impacto del Principio de Peter en mandos intermedios sanitarios. En los siguientes artículos exploraremos casos concretos, tests de diagnóstico y soluciones prácticas de mentoring.

En las organizaciones sanitarias altamente jerarquizadas, el Principio de Peter en sanidad explica por qué muchos mandos intermedios acceden al liderazgo por excelencia clínica, pero sin las competencias necesarias para gestionar personas. En sanidad, este fenómeno no solo tiene impacto operativo, sino que plantea una pregunta incómoda: ¿puede existir un liderazgo humanizado cuando el sistema de promoción genera líderes estructuralmente mal preparados para liderar personas?

  1. Promoción por competencia técnica: el error estructural en sanidad

El Principio de Peter no habla de falta de inteligencia ni de compromiso. Habla de desajuste de competencias.
En el ámbito sanitario, el salto a un mando intermedio implica un cambio radical de rol:

  • De ejecutar tareas clínicas a orquestar trabajo ajeno.
  • De decidir sobre pacientes a decidir sobre personas y recursos.
  • De la lógica del caso individual a la gestión de tensiones sistémicas (turnos, conflictos, desempeño, presión asistencial).

Cuando la promoción se basa exclusivamente en el desempeño técnico previo, el nuevo mando suele carecer de:

  • habilidades de comunicación estructurada,
  • capacidad de feedback correctivo,
  • gestión de conflictos interprofesionales,
  • y, especialmente, tolerancia a la ambigüedad emocional del liderazgo.

Este déficit no es neutro. Genera conductas de control excesivo, rigidez normativa y microgestión como mecanismos defensivos. Justo lo contrario de lo que se suele etiquetar como liderazgo humanizado.

  1. Por qué la “incompetencia” del Principio de Peter es la antítesis del liderazgo centrado en las personas

El liderazgo humanizado no es empatía abstracta ni “buenismo”. En entornos de alta presión como la salud, se traduce en comportamientos muy concretos: permitir autonomía clínica responsable, sostener conversaciones difíciles, desarrollar talento y mantener un clima funcional bajo estrés.

El mando intermedio promovido sin preparación suele experimentar una sensación constante de amenaza a su legitimidad. Como respuesta:

  1. Bloquea la autonomía del equipo para reducir riesgos percibidos.
  2. Sustituye el criterio profesional por procedimientos rígidos.
  3. Evita conversaciones de desarrollo porque carece de herramientas para gestionarlas.
  4. Prioriza el cumplimiento inmediato frente al aprendizaje del equipo.

El resultado no es solo un liderazgo poco humanizado; es un liderazgo operativamente ineficiente, que erosiona la confianza y reduce la capacidad adaptativa del servicio.

  1. Impacto del mal liderazgo en hospitales: clima, rotación y eficiencia

En organizaciones sanitarias, el impacto rara vez se manifiesta como una crisis visible inmediata. Aparece de forma más sutil, pero persistente:

  • Desvinculación psicológica del personal experimentado.
  • Incremento de conflictos latentes entre categorías profesionales.
  • Pérdida de talento que evita asumir responsabilidades futuras (“no quiero ser como mi jefe”).
  • Climas de trabajo funcionalmente correctos, pero emocionalmente empobrecidos.

A medio plazo, estos factores afectan indicadores clave: continuidad asistencial, calidad percibida, absentismo estratégico y dificultad para cubrir posiciones de responsabilidad. El liderazgo “inhumano” no suele ser cruel; suele ser inseguro y mal diseñado desde el sistema.

  1. Mitigar el efecto Peter: propuestas realistas para organizaciones sanitarias

Eliminar el Principio de Peter es irrealista. Diseñar barreras de contención, no. Algunas medidas con impacto probado:

  1. Evaluación de competencias relacionales previa al ascenso
    No como filtro moral, sino como análisis de riesgos. La competencia técnica no desaparece, pero deja de ser el único criterio.
  2. Promociones reversibles o en transición
    Periodos de prueba con acompañamiento real, donde el profesional pueda volver a su rol técnico sin penalización si el encaje no es adecuado.
  3. Formación directiva antes del nombramiento, no después
    Liderar personas no puede aprenderse solo “sobre la marcha” en entornos de alta presión asistencial.
  4. Carreras técnicas alternativas
    Reconocer y retribuir la excelencia clínica sin obligar a asumir mando como único camino de progreso.
  5. Indicadores de liderazgo vinculados a resultados aparentes
    Desarrollo de equipo, estabilidad del servicio y calidad del clima deben pesar tanto como los resultados asistenciales.

El problema no es el liderazgo humanizado, es cómo promovemos

El liderazgo humanizado en sanidad no fracasa por ingenuo. Fracasa cuando se le exige a personas que nunca fueron seleccionadas ni preparadas para liderar personas.
Mientras el sistema de promoción siga confundiendo excelencia técnica con capacidad directiva, el Principio de Peter seguirá actuando como un freno estructural. No al bienestar abstracto, sino a la eficiencia real y sostenible del sistema sanitario.

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